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Economía nocturna: una oportunidad para dinamizar Santo Domingo

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La vida de una ciudad no termina cuando concluye la jornada laboral. Restaurantes, espacios culturales, comercios, servicios, actividades de entretenimiento y transporte continúan generando movimiento, empleo y oportunidades durante la noche.

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en Barcelona en el Barcelona NIT Fòrum Internacional, un espacio de intercambio y reflexión sobre la economía nocturna y su impacto en el desarrollo de las ciudades. La experiencia me confirmó la importancia de comenzar a mirar este tema con mayor atención en la República Dominicana.

Cuando hablamos de economía nocturna, no hablamos únicamente de bares, discotecas o entretenimiento. Se trata de un ecosistema mucho más amplio que incluye restaurantes, teatros, conciertos, actividades culturales, gimnasios, farmacias, supermercados, transporte, servicios de salud, seguridad, logística y otros negocios que mantienen activa la ciudad después del horario tradicional.

Una ciudad que puede producir durante más horas

En el caso dominicano, pienso especialmente en Santo Domingo, una capital que concentra buena parte de la actividad comercial, empresarial, gastronómica, cultural y turística del país.

La ciudad cuenta con una amplia oferta de restaurantes, hoteles, centros comerciales, universidades, espacios culturales, instalaciones deportivas y zonas con un enorme potencial para desarrollar actividades nocturnas.

Aprovechar ese potencial podría significar nuevas oportunidades para emprendedores, trabajadores y empresas, además de contribuir a fortalecer la oferta turística y cultural de la capital.

Pero desarrollar una economía nocturna requiere mucho más que ampliar los horarios. Implica pensar en movilidad, seguridad, iluminación, transporte público, ordenamiento urbano, convivencia ciudadana y una oferta cultural diversa que permita disfrutar la ciudad de manera segura y organizada.

 

La economía nocturna puede convertirse en una herramienta para dinamizar sectores que ya existen y, al mismo tiempo, abrir espacio para nuevos emprendimientos y modelos de negocio.

Barcelona y otras ciudades han comenzado a incorporar la noche dentro de sus estrategias de desarrollo urbano y económico. República Dominicana también tiene la oportunidad de abrir esta conversación y analizar qué modelos pueden adaptarse a nuestra realidad.

Santo Domingo tiene vida después de las seis de la tarde. El desafío es convertir ese movimiento en oportunidades de desarrollo, empleo, inversión y bienestar para quienes viven y visitan la ciudad.

Quizás ha llegado el momento de empezar a pensar en una capital que también se planifica, se disfruta y se desarrolla de noche.

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